Un artista y creador nato cuyo extraño camino en la vida lo llevó a ser director de cine. Aquí, la fantástica historia de David Lynch.

David Lynch nació en 1946 en Missoula, Montana, al noroeste de Estados Unidos: un tipo de paisaje más bien desolado que usaría mucho en su cine, y también muchos otros que conoció de niño, cuando debía mudarse frecuentemente por el trabajo de su padre. Allí están la ruta, las mudanzas, los pueblos chicos, las habitaciones de hotel y la noción de no pertenecer a ninguna parte. También se encuentra en sus películas una torsión hacia sus obsesiones personales: lo siniestro, que amenaza desde las imágenes y el sonido, los diálogos, los ruidos, la música y el silencio.

David-Lynch-y-su-particular-universo

Lynch es un autor distintivo, distinguido; un creador de personalidad fragmentada y multifacética. Algunas de sus películas como Erashead y El Hombre Elefante demuestran su curiosidad por temas morbosos, temas tabú que no cualquier director ha osado encarar en su obra.

Además de cineasta, Lynch también es artista plástico, un rol previo y más frecuente en los últimos tiempos, ya que su último largometraje fue “Inland Empire” (Imperio) estrenado en 2006. También es escritor, y autor del libro “Atrapa al pez dorado”, un compendio de relatos sobre meditación, filosofía y modos de vida, que también funciona como autobiografía parcial y como espacio de comentarios múltiples e inconexos. Un ejemplo de ésta amalgama que hace las veces de libro es una de sus frases iniciales:

“La luz puede cambiar todo en una película, incluso a un personaje.”

Es un cineasta-contraseña, de esas que nunca terminamos de entender pero ejercen un potente magnetismo sobre nosotros. Suele contar historias oscuras, y sin embargo descolocó a todos con luminosa y diáfana película “Una historia sencilla”, que relata la vida de granjeros comunes en medio de Estados Unidos continental.

Realizó algunas creaciones míticas como la serie “Twin Peaks”, el ejemplo clásico de serie de culto frente al que tienen que rendirse los más acérrimos enemigos de ese formato televisivo.

Twin Peaks

Por eso existen los lyncheanos de Twin Peaks, los de Blue Velvet, los de Wild Heart y los de Lost Highway, todas inconfundibles obras maestras de un peculiar estilo. Entre Lost Highway, Mulholland Drive e Inland Empire se encuentran conexiones fuertes, y suele haber discusiones entre los fanáticos sobre cuál es la mejor de las tres. En la encuesta del año pasado de la BBC sobre las mejores películas del siglo XXI, Mulholland Drive fue la ganadora, un notable reconocimiento a un film que nació en la TV como piloto (al igual que Fuego contra Fuego, el exitoso largometraje de Michael Mann).

Cineasta de solamente 10 largometrajes en 40 años de carrera, David supo convertir a Naomi Watts en estrella consagrada, y “creó” un actor fiel a su estilo cómo Kyle MacLachlan, que nunca logró brillar con las misma plenitud que con él con otro realizadores con los que trabajó.

Con “Inland Empire” (traducido en América Latina como Imperio), su último largometraje hasta el momento, David Lynch logró hacer una obra maestra onírica, erótica y musical mediante las texturas de video digital. Supo rehusar y escaparle al juego del cine mainstream, y ha sabido usar el poder mítico y sugestivo de la maquinaria de Hollywood. Lynch, prócer del cine y uno de los grandes autores en actividad, entra y sale del séptimo arte hacia otras disciplinas con mucha naturalidad y categoría.

DAVID LYNCH

Artista esquivo, convencido de que ha formado un extraordinario tándem Director-Músico con el Angelo Badalmenti, ha sabido estar de moda en diversos momentos de las últimas cinco décadas. Y en su caso, estar de moda también significó tener vigencia y enorme relevancia creativa. La historia de un verdadero maestro de su oficio: contar historias increíbles de manera inolvidable.

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