Antes de ser bautizados “la Generación Beat”, ellos fueron llamados de muchos otros modos: parias, libertinos, hippies, yonkis, degenerados, homosexuales y hasta Beatniks.

En efecto, previo a la consolidación de lo que más adelante sería toda una prole literaria con una extensa producción, cada uno de los integrantes de esta corriente , debió sufrir la crítica de los sectores populares y también de la Academia.

la Generación Beat
Música, poesía, bares, colegas: el espíritu Beat.


La historia siempre es así: el primero en intentar construir un puente, es un loco. El segundo, o el que lo consigue, un genio. Y el tercero, o el que lo inaugura, un artista. Vaya que debió pasar mucha agua debajo del puente hasta que los Beatniks inauguraran algo o consiguieran sus primeros reconocimientos. Desgraciadamente, durante los inicios, todo fue lluvia, frío y viento en contra para ellos.

La Generación Beat, mal llamada los Beatnik ya que dicho término expresa connotaciones negativas (es la fusión de las palabras “beat” y “Sputnik” el nombre del satélite ruso, sugiriendo una condición antiestadounidense y comunista) nació en los EE.UU., durante la década del cincuenta, gracias la colaboración de muchos artistas que, sin proponérselo, comenzar a suscribir en base a una misma clase de ideal artístico de vanguardia.

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A menudo, hablar de una “nómina de artistas” significa excluir a muchos, sin embargo hay nombres propios imposibles de eludir dentro de esa Generación: es el caso de Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William S. Burroughs (quienes representan el triángulo fundacional de ese movimiento), Lucien Carr, Neal Cassady y los “tardíos” Carl Solomon y Gregory Corso.

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Si es verdad, como postulan muchos, que existen dos clases de artistas, los que “trabajan” de artistas y los que “viven” de artistas, podemos decir sin miedo a la equivocación que todos y cada uno de los Beats “vivieron de artistas”: sus obras, en su mayoría diarios, poemas, novelas de viaje, y novelas cortas, representan un documento ineludible no solo de una forma de pensar el arte sino, como decíamos, de una forma de pensar la vida, de encararla, de vivirla.

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William Burroughs, autor de obras como “Naked lunch”, “Yonqui” y “Queer”.

Todos ellos pasaron hambre, enfermedad y frío por intentar llevar a cabo la existencia libre que soñaban. Comenzaron ganándose la vida con composiciones modestas, frecuentando bares de poesía, rodeandose de otros escritores, artistas, y cantantes de jazz. Viviendo de casa en casa, viajando a lugares exóticos y consumiendo todo lo que tuvieran a su alrededor: pastillas, amantes, libros, botellas, hongos, y algunas otras pastillas.

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El grupo reunido.

La Generación Beat nace en el marco de una Norteamérica sumamente acartonada, belicista, sin posibilidades de expresión ni de un arte original. Dicha Generación supone, precisamente, el preludio del movimiento hippie que, más adelante, en los sesenta, marcaría un hito (sin los Beats, no hubiera existido el hippismo). Algunos elementos definitorios de los Beats son el rechazo a los valores estadounidenses clásicos y su apoyo por otros de corte liberal: la experimentación con drogas, la libertad sexual y el amor libre, el estudio de la filosofía oriental, la consideración de la literatura y en especial de la poesía como un elemento noble para estrujarlo, sacudirlo, doblarlo y cambiarlo.

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Dado que los Beat “escribían como vivían”, no sólo su literatura se ha presentado como un arte procaz, subversivo y transgresor sino que, sus propias vidas (la de Ginsberg, Kerouac, Burroughs y Carr), han evidenciado momentos de locura e ilegalidad absoluta.

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Gingsberg, en una de sus clasicas provocaciones.

Burroughs, autor de la sensacional obra “El almuerzo al desnudo” (Naked Lunch), fue condenado a prisión por asesinar a su esposa Joan durante un extraño incidente en el que, aparentemente, el actor estaba intentando recrear un episodio de Guillermo Tel, y en el que su esposa recibió un disparo mortal en la cabeza.

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Allen Ginsberg, autor de poemas como “Aullido” -una obra de un carácter único, y de una soberbia furia en cada una de sus palabras-, tuvo una relación amorosa sumamente violenta con Lucien Carr, otro de los integrantes de la Generación Beat. Se pueden precisar detalles de esa tormentosa relación en el gran film de John Krokidas, “Kill your darlings”.

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Kill your Darlings. La obra de Krokidas que explora la relación entre Ginsberg y Lucien Carr.

Y hasta el carismático Jack Kerouac convivió, toda su vida, con grandes demonios: el creador de una obra sin parangón como “En el camino” -pieza fundacional para la Generación y también un ícono dentro de las novelas de viaje-, nunca pudo superar sus problemas con el alcohol que, incluso, lo terminarían llevando a la muerte a sus jóvenes 47 años. Su tumba continúa siendo, al día de hoy, un lugar de ofrendas y regalos de sus fans (sobre todo whisky y cigarros).

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La tumba de Kerouac, centro de las ofrendas de sus fanáticos.

La Generación Beat representa un gran paréntesis dentro de la literatura americana convencional del siglo XX. Analizarla supone, primero, acercarse a un corpus de textos de excelente calidad y, luego, entender a un grupo de muchachos que, en una América destruida y violenta, intentaron vivir a su manera; incluso a pesar de sus grandes crisis, fueron más impetuosos que los políticos de su época. Y mucho más honestos, por supuesto.

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