El joven detective Julián Laureano leyó los títulos que pusieron en los diarios para referirse al crimen que él investigaba: “El valle del terror” decía uno que destacaba la crueldad de los asesinatos; otro era “Asesinato en el campo de golf”, porque una de las víctimas fue encontrada en el fairway del hoyo 9; también titularon “La casa del juez”, para generar misterio y porque, verdaderamente, el dueño del lugar era un juez muy importante.

CLÁSICOS POLICIALES

El caso era el siguiente: en una quinta de Buenos Aires hubo diez asesinatos, tres murieron envenenados, dos a martillazos, cuatro atacados por la espalda mientras dormían y uno fue encontrado con un clavo en la frente. En la heladera de la cocina, con un imán, descubrieron una nota que decía “¿Y ahora quién va a filmar esta película? Yo les recomiendo a Leonardo Di Caprio para el papel principal, pero Julián Laureano pensó que ese papel escrito a mano era una pista falsa, que buscaba despistar y echarle la culpa a otro.

 

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El caso estuvo en los noticieros un buen tiempo, hasta que todos se cansaron de escucharlo. Pero el joven detective no se rindió y a los pocos meses descubrió al culpable. Sin embargo, nunca pudo encontrar las pruebas suficientes y llevar al culpable ante la justicia. Un día, sentado en su escritorio, vio uno de los libros de la biblioteca que se titulaba “Estudio en escarlata” y se le ocurrió, ¿por qué no?, consultar a Sir Arthur Conan Doyle, famoso escritor británico, y su detective Sherlock Holmes…

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Alto, flaco, nariz fina y aguileña, Sherlock estaba apoyado en la baranda de una de las pasarelas de las cataratas del Iguazú. A unos metros de él, su fiel amigo Watson, hablando por teléfono, le dijo al detective Julián Laureano que era imposible ayudarlo con el crimen; Holmes estaba de vacaciones.

Sir Arthur Conan Doyle
Sir Arthur Conan Doyle

Pero si lo deseaba, podía mandarle una copia de sus investigaciones y en un par de meses recibiría una respuesta por correo. Luego cortó la llamada. El guía que los acompañaba en la excursión, vestido con pantalón negro, camisa blanca y corbata, parecía estar enojado por algo. Siguieron Watson y Holmes:

-El guía no está muy contento con nosotros, creo que se molestó porque nos detuvimos mucho tiempo en la Garganta del Diablo.
-Quédese tranquilo mi buen amigo, que ese hombre no ha sido muy santo los últimos días; si nos apura, le recordaremos que fue infiel con su esposa.
-¿Pero cómo sabe eso?
-Sabrá usted que el agua refleja muy bien el sol y deja un bronceado excelente.
-¿Entonces?
-Que nuestro guía tiene una aureola más blanca que el resto de su piel en el dedo anular, ¿no le resulta sospechoso?
-Puede significar otra cosa.
-Quizá sí, pero en estos tiempos es mejor ser prejuicioso.

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Entonces, Julián Laureano recordó uno de los libros de Agatha Christie, escritora y dramaturga, también británica, y a su detective Hércules Poirot. La conversación fue más o menos así:

Poirot: -Debo decirte que me encuentro en una travesía truncada; el tren Mitre en el que estoy se encuentra detenido momentáneamente por una tormenta de granizo. No sé cuándo voy a llegar a mi destino, viajo en dirección a la Isla para disfrutar mis vacaciones.

Laureano: -¿Me estás hablando del delta del Tigre?

Agatha Christie
Agatha Christie, rodeada de sus libros.

Poirot: -Eso mismo. Una antigua amiga posee una esplendorosa mansión en esos paisajes y esta vez sí se ha dignado a invitarme.

Laureano: -¿Podría ayudarme con el crimen que le conté?

Poirot: -Lo siento amigo, pero las vacaciones son sagradas. Además, si le soy sincero, no me gusta su cara.

Laureano: -¿Y a la vuelta? El lunes, por ejemplo.

Poirot: -Nuevamente, no. Debo asistir a una cita con el dentista. Pero créame que si algo inesperado fuese a acontecer, le haré saber sobre mi disponibilidad.

Sin muchas esperanzas, hizo un último llamado. George Simenon, escritor y periodista de origen belga, le facilitó el número de su detective Jules Maigret, aquel comisario retirado de la policía judicial francesa. Él es el primero que habla al escuchar el planteo de Laureano:

-Disculpame, pero estoy disfrutando de la hermosa vista de mi campo y su caso no me interesa.

Geroges Simenon
Geroges Simenon, escritor francoparlante nacido en Bélgica.

-¿De verdad no podés ayudarme, y tu amigo Lucas? Tal vez él sí esté disponible.

-Me ponés en una encrucijada. Sinceramente, usted parece de esas buenas personas, pero el cliente del sábado ya lo tengo confirmado y tengo que empezar a trabajar desde hoy.

-Mi amigo Maigret, por favor, necesito tu ayuda.

-La verdad es que este cliente es un mayorista de vinos, y a mí me gusta mucho el vino ¿entendés lo que quiero decir? Maigret se divierte y deja escapar una risita disimulada.

Julián Laureano no quiso insistir, no fuera cosa de que Maigret se enojase. Entonces decidió seguir investigando el caso de la quinta por su cuenta y no descansar hasta encontrar las pruebas. Luego llamó a Doyle, Christie y Simenon y les dijo que sus detectives no quisieron ayudarlo, pero que igual les agradecía a ellos por haberlos creado y escrito con tanto talento.

Portada de la edición inglesa de “Muerte en el Nilo”, de Agatha Christie.

Los tres forman parte de ese grupo de escritores clásicos policiales que nunca pasan de moda. Arthur Conan Doyle escribió sobre Sherlock Holmes en varios cuentos cortos y cuatro novelas, todas muy recomendables. Lo mismo Agatha Christie, con su detective Hércules Poirot, y George Simenon, creador del infalible Jules Maigret. También se han filmado varias películas sobre los tres detectives, en especial sobre el gran Sherlock Holmes.

Portada de “Misterio en el Caribe”, de Agatha Christie

 

FUENTES:
Conan Doyle, A. Las memorias de Sherlock Holmes II. Gárgola, 2004.
Conan Doyle, A. Estudio en escarlata. Gárgola, 2004.
Christie, A. Asesinato en el Orient Express. La Nación, 2006.
Simenon, G. Obras completas. Orbis S.A, 1984.

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