Casa Danzante

La capital de la República Checa es una ciudad repleta de joyas arquitectónicas de distintas épocas. Quizá una de las más innovadoras y llamativas sea la Casa Danzante, una pareja de edificios entrelazadas de tal forma que recuerdan a Fred Astaire y Ginger Rogers en sus musicales hollywoodenses. No se trata de un edificio que realmente baila por supuesto, pero su estética deconstructivista es totalmente disruptiva y original, nunca antes vista. Y mucha menos en la tradicional Praga.

Durante un tiempo, la construcción fue conocida como “Fred & Ginger”, hasta que ese apodo se desestimó para evitar “importar el kitsch hollywoodense” en la siempre bohemia Praga. Una torre de cristal se estrecha hacia la mitad de su altura, que en su totalidad tiene 123 metros, como si el segundo edificio – un cilindro de concreto reconocible por sus ventanas desalineadas- fuese el bailarín que la toma por la cintura.

Casa Danzante

Esta singular construcción es hoy una de las más queridas de la ciudad, a pesar de ser relativamente nueva, construida en 1996. De hecho, su silueta fue acuñada en la moneda de oro de 2.000 coronas checas que emitió el Banco Nacional Checo, un honor importante por aquellas latitudes.

Cuenta la historia que el día de su inauguración, su libro de visitas recibió comentarios del tipo “esperamos que sea demolida pronto”. Los ciudadanos de Praga estaban shockeados. No comprendían cómo podrían convivir ese estilo irreverente con los iconos románticos de su querida ciudad: el puente de Carlos IV, la catedral de San Vito, el castillo que se recorta sobre el cauce del río Moldava.

Casa Danzante

A la dupla de arquitectos conformada por el croata Vlado Milunic y el canadiense Frank Ghery (creador del Guggenheim en Bilbao) pareció no importarles mucho. Cómo llegaron a trabajar estos dos talentos en tándem fue capricho del destino. La década del 80 terminó para Checoslovaquia con la Revolución de Terciopelo, que separó a Eslovaquia de la República Checa. Václav Havel fue el primer democrático checo. Havel quería marcar la transición de su país a través de la cultura, y le encargó al arquitecto Milunic que proyectara un centro cultural en un terreno que había quedado vacío desde los bombardeos estadounidenses de 1945. Pero antes de poner la obra en marcha, el terreno fue adquirido por el banco Nationale-Nederlanden para construir una sucursal que mostrase su desembarco en el nuevo Este europeo. Resultó que el representante de la firma en la República Checa era amigo cercano de Milunic, y estaba al tanto de su proyecto. Entonces propuso que siguiera adelante con la colaboración de un arquitecto mundialmente reconocido. Así apareció Ghery en escena y la Casa Danzante (Dancing House en inglés) fue su grandioso resultado.

Casa Danzante

En palabras de Milunic, este edificio es mucho más que un gran diseño; es el reflejo de la sociedad checoslovaca, que evolucionó de un pasado totalitario signado por el comunismo hacia un mundo democrático y libre en constante cambio. Una perlita de la arquitectura contemporánea que todos deberíamos visitar antes de pasar a mejor vida.

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