No te contaría que se llama Armonía Liropeya Etchepare Locino y que nació en Pando, Uruguay, en el año 1914. Tampoco que su pseudónimo es Armonía Somers y que era novelista y cuentista, ni tampoco que escribió obras literarias de una exquisitez absoluta.

Quizá sí te taparía los ojos mientras ella te cuenta que el techo está por caerse encima de los dos. Pero no te asustes porque pedazos de pintura y yeso puedan raspar tu espalda, o porque imagines tu cuerpo herido y apoyado en la única pared que queda en pie.

 

Armonía Somers

No tengas miedo y agradécele a la vida que te permite morir: morir aplastado no es morir con los pulmones inundados de sangre, ni tampoco ahogado o asfixiado, ni siquiera quemado o por un tiro en la cabeza. Armonía Somers te cuenta al oído que morir aplastado sacará afuera todo tu interior viscoso e incluso aquellos secretos que tenías adentro y que te carcomían la conciencia.

Armonía Somers
Tapa de su novela “La mujer desnuda”

Morimos gracias a que pudimos vivir… vivimos gracias al saber de que vamos a morir… o tal vez nada de eso, sólo vivimos y pensamos en la muerte cuando buscamos disfrutar ese placer que nos da el hacer de cuenta que somos infelices.

Armonía Somers

Para sentir todo el derrumbamiento de la vida y la muerte en manos de Armonía Somers, es mejor disfrutar primero de sus cuentos y luego de sus novelas. “La rebelión de la flor” es una antología de narraciones cortas que seleccionó por preferencias personales: “mis preferencias han dictado este libro” dijo ella en la introducción, citando a Borges. Aquí aparecen dos de sus más conocidos relatos: “El derrumbamiento” y “Muerte por alacrán”.

Pando
Viejo cartel ferroviario de Pando, Uruguay.

Después podemos meternos con sus cuatro novelas: “La mujer desnuda” (la más controversial y polémica), “De miedo en miedo”, “Un retrato para Dickens” y la más difícil pero a su vez recomendable, “Sólo los elefantes encuentran mandrágora”.

Armonía Somers

“Si no se es un poco raro, se es reiterativo” dijo la escritora para advertirnos a sus lectores, como el “Sólo para locos” de Hermann Hesse; sólo si tenés ganas de leer que todo puede llegar a irse a la mierda y, en algún punto, te entusiasma la idea, lee a Armonía Somers, incluso si es necesario quedarte sin sangre (metafóricamente claro está) y morir de a poco en el camino. Leer a Somers es un camino de ida, y vale la pena emprenderlo.

FUENTES:
Somers, A. La rebelión de la flor. El cuenco de Plata, 2009
Somers, A. Sólo los elefantes encuentran mandrágora. El cuenco de Plata, 2010.
Dalmagro, M.C. Desde los umbrales de la memoria: ficción autobiográfica en Armonía Somers. Montevideo: Biblioteca Nacional, 2009.

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