La primera vez que fui a ver Fuerza Bruta por recomendación de unos amigos pregunté instintivamente como cualquier posible espectador desprevenido: “¿Qué es?… ¿De qué trata?” Naturalmente no obtuve mayores respuestas, sólo algunos adjetivos que creí hiperbólicos en un principio, pero los cuales adherí al final a mi opinión del espectáculo satisfecho.

Fuerza bruta

Y si bien entré con cierta incertidumbre de su contenido y al salir se me aclaró todo, hasta el día de hoy en que la he ido a ver el show unas cuatro veces, todavía me quedo corto cuando tengo que explicarle a alguien de qué va.

Fuerza bruta

No es que me sobrepase particularmente Fuerza Bruta ni que solo ocurra con este tipo de show. De hecho, últimamente (y juro no es un déficit de atención) se me dificulta enormemente recomendar sin apelar a la emoción, espectáculos del tipo Cirque du Soleil, Mayumaná, La Máquina del Tiempo o cualquiera de estos grandes hits que se dan el lujo de darle giras al mundo por años.

Espectaculo

Existe sin duda una actual tendencia teatral (que data de la década de los 90) que desplaza un poco al realismo y literatura de las tablas clásicas, y favorece ciertas propuestas audiovisuales en las que más allá del qué, importa el cómo.

Blue Man

¿Razones? Muy probablemente la aforada velocidad de nuestra era tan líquida, pero no va al caso. Más allá de juicios de valor, hemos de encontrarle novedad y verdad a estos increíbles deleites sensoriales que se convirtieron en el Shakespeare de nuestro siglo.

Blue Man

El quiebre definitivo de la cuarta pared es sin duda una de las razones del éxito. No es para espectadores pasivos el ir a ver un show de la talla de Blue Man Group (BMG), por ejemplo, en donde llegar tarde o pararse a ir al baño sirve de genial disparador a sanas ridiculizaciones y atinados chistes con la impro de los performers. En el caso de BMG, todo está atravesado por el espíritu mimico que desde 1987 los caracteriza, pero las vertientes a la hora de integrar al público son tan diversas que puede un espectador, desde subirse a bailar e intentar una acrobacia, o ser parte de un sketch entero.

Blue Man

Así mismo, y más allá del humor que el aceptar al público implique, es bastante agradecido que aparte del despliegue inmenso de luces, visuales y música, estas tendencias teatrales jueguen hoy día con olor y tacto. A veces incluso atravesando los sentidos y deleitando desde el terreno de la ilusión (casos célebres los el de David Copperfield o Criss Angel, por ejemplo, que no paran de atiborrar auditorios en Las Vegas con sus devotos fanáticos).

Criss Angel

Si de las historias aristotélicas podía uno salir distinto, conmovido en las más profundas fibras del ser, hoy en día debe uno preparar primero al cuerpo, y los sentidos más que a su intelecto, pues no se saldrá nunca ileso del humo, del agua, ni incluso de la pintura de neón. En ocasiones ni siquiera las butacas bastan y debe el espectador moverse, correr o saltar según le pida el show.

El optimismo perpetuo es otro de los fuertes del espectáculo audiovisual. No quiere el oficinista promedio ir a deprimirse al teatro con Chejov o Discépolo. La identificación que se logra acá no va por una empatía a los personajes y sus honorables conflictos, sino que existe una relación simpática con el producto entero. Se le ofrecen a los ojos (y a los oídos, a la piel) precisamente variantes oníricas que huyen del realismo asfixiante.

Cirque du Soleil

Si vamos a buscarle profundidad al Cirque du Soleil seguro no encontraremos respuestas o preguntas a las cuestiones más existencialistas o a los problemas sociales más complejos, pero coincidiremos en que su valor recae sobre la belleza accesible. Su alma circense, infantil en el mejor sentido, fiel aunque maleable, puede tranquilamente hoy día homenajear a grandes figuras del pop como lo es Soda Stereo.

En conclusión, no se busca entender, sino sentir. Y la aparente frivolidad que aquella sentencia implique, se justifica con la primicia de la que habló Preston Sturges en” Los viajes de Sullivan” (maravilloso filme clásico que, en mi opinión, calló a los críticos exquisitos): La reivindicación del final feliz, del arte como ensoñación, como delirio y necesaria evasión de la realidad. El espectáculo moderno es una respuesta de preferencia visual, y aunque efectista, no deja de ser atractiva y de fina entretención para quienes buscamos insaciablemente ser sorprendidos.

Blue Man

FUENTES & REFERENCIAS
https://es.slideshare.net/rxvargas/tendencias-del-teatro
https://en.wikipedia.org/wiki/Blue_Man_Group

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