“Sé fiel hasta la muerte siempre”. Seguramente Julio Cortázar colocó esa frase a modo de epígrafe para su cuento El perseguidor (un homenaje a Charlie Parker), porque sabía perfectamente de qué se trataba la fidelidad: él también murió con un cigarrillo en la boca, y un libro entre los dientes. Porque a determinados vicios, resulta más fácil enterrarlos con uno que desterrarlos para siempre.

Julio Cortázar
Tributo. Julio Cortázar, amante del jazz, homenajea a Charlie Parker en su cuento “El perseguidor”.

El destino de los hombres a menudo parece marcado. Así sucedió con Cortázar y también con el norteamericano Charlie Parker.

El saxofonista enamoró al escritor a fuerza de ritmo, improvisaciones y bebops. Tanto que el argentino no pudo resistir la tentación de homenajearlo. Sucede siempre: el músico admira al pintor, el escultor al recitador y así sucesivamente. Todos amamos lo que no podemos ser porque, como decía Kunder, elegir algo en la vida significa equivocarse de antemano dado que el número de posibilidades que abandonamos siempre supera al de las cosas que escogemos: hay allí una certeza matemática del error.

Pero así como Cortázar eligió la escritura y no se equivocó, Charlie Parker escogió vivir su vida a su manera, y jamás se arrepintió.

Charlie Parker
“El pájaro cantando”.

Los inicios en la música para Charlie Parker fueron sumamente precoces. Ya desde chico su padre Charles y su madre Addie lo alentaron para que tocara diversos instrumentos. Comenzó con la tuba pero, rápidamente, se cambió al saxofón por decisión de la madre que lo veía “más preparado”  para ese instrumento (algo debe haber acertado con esa decisión si, hoy, estamos frente a uno de los saxofonistas mejor considerados en la historia del jazz).

Aprendió sus primeras notas por sus propios medios, de manera autodidacta, mirando sobre todo a personalidades como Lester Young –una gran influencia- y Buster Smith.

Abandonó la escuela para dedicarse a la música y, pese a tener algunas audiciones truncas y ser rechazado algunas otras veces, jamás se desalentó: consiguió ser una primera figura del jazz en 1937 y llegó por primera vez a la ciudad de Nueva York dos años después, en el ‘39. Allí se ganó el apodo que lo acompañaría el resto de su vida: Bird.

Si bien en aquella ciudad Charlie Parker debía lavar platos de noche para mantenerse, él sabía bien hacia dónde se dirigía su carrera y, por las noches, “el pájaro se liberaba” en todos los bares de jazz de la zona (especialmente, en el Art Tatum).

Charlie Parker
Publicación de Charlie Parker.

De la mano de Jay McShann, y solo acompañado por una reducida orquesta, compuso temas como “Oh, Lady Be Good”. Pero sin dudas, sus creaciones más importantes y recordadas surgieron mediante los encuentros con otro titán de la música: el gran Dizzy Gillespie.

Charlie Parker
Dibujo de Charlie Parker.

Hay muchas leyendas acerca de los enfrentamiento (y colaboraciones) entre Dizzy y Bird. Algunos dicen que Gillespie se sintió humillado por el talento de Parker. Otros lo refieren de una manera distinta (al parecer las conductas y excesos de Parker eran lo que enfurecía a Gillespie). Se habla incluso de un “famoso saxofón de plástico” que utilizó Parker para tocar frente a Gillespie.

Lo cierto es que en 1953, se dio lo que muchos han llamado “el encuentro del Siglo”, con el Massey Hall de Toronto como telón de fondo.

Parker arribó a Toronto a un concierto organizado por la New Jazz Society y se reunió allí con las grandes figuras de la escena musical del momento:  el pianista Bud Powell, el percusionista Max Roach, el contrabajista Charles Mingus y el propio Dizzy Gillespie. Cada uno de ellos acostumbrados, desde ya, a tocar siempre bajo el ritmo frenético de la improvisación. Se dice que esa noche fue única para la historia del jazz.

Lamentablemente, todo lo bueno que hacía Charlie Parker sobre el escenario se contraponía con lo que sucedía durante el resto del día, en su vida privada: Bird (apodo que ya era su marca registrada) era un adicto a la heroína que, a plena luz del sol, rara vez se mantenía de pie.

De hecho, muchos escenarios de jazz se privaban de contar con sus participaciones por sus incontables excesos. Paradójicamente, por aquellos años, algunos colegas pensaban que el origen del talento de Parker era la heroína y comenzaron, también, a experimentar con ella. El excelente film “Bird” dirigido por Clint Eastwood y estrenado en 1988, retrata con fidelidad la tormentosa vida del músico norteamericano.

Para comienzos de la década del 50, sus problemas llegaron a extremos inusitados: se le revocó su licencia de cabaret por lo que apenas podía ingresar a los clubes de jazz. Sus adicciones se agudizaron debido a la depresión y su carrera comenzó a ir en declive. Como corolario de tantos males, por falta de dinero (Parker estaba en la miseria) su hija falleció de una neumonía. Este sin duda, sería el gran hecho fatal que marcó su vida.

Charlie Parker
Escultura en reconocimiento a Parker.

Era el final para la leyenda: en los próximos dos años, sin ninguna ayuda, Charlie Parker protagonizaría dos intentos de suicidio hasta que, finalmente, fallece por un paro cardíaco en su casa de los Estados Unidos. El pájaro se había ido para siempre.

Charlie Parker
El mundo lloró la muerte de Charlie Parker.

“Sé fiel hasta la muerte”, le dedica Cortázar en su epígrafe. Y quizás cuando un genio se marcha de forma tan prematura, uno se lamenta pensando en la posibilidad de “ciertas infidelidades” que, al menos, le hubiera extendido la vida.

La decisión, en cualquier caso, estaba solo en las alas de un pájaro que entendió que en su naturaleza sólo había un camino a seguir: cantar bello y después volar alto.

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