En las profundidades árticas de la isla de Spitsbergen, en el norte de Noruega, existe una instalación que podría ser clave para la supervivencia de las generaciones futuras. O al menos, para evitar la extinción de la diversidad de cultivos que alimentan a todas las personas en todo el mundo.

Excavada 150 metros hacia dentro del permafrost (capa de hielo que siempre está congelada) típico de esta zona tan fría, tal como eran construidas en la roca las tumbas de los antiguos faraones egipcios en el Valle de los Reyes, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard es un indicio claro de que la humanidad está encontrando soluciones cada vez más desarrolladas y sofisticadas para mitigar eficientemente los efectos venideros del cambio climático.

La Bóveda Global de Semillas es una postal típica de la zona


Esta bóveda guarda herméticamente, en un recinto refrigerado a 18 grados bajo cero, una colección de tubos con muestras que representan a
la gigantesca diversidad genética de semillas que existe en casi todas las zonas agrícolas del mundo. Fue construida en 2008, se erigió a 130 metros sobre el nivel del mar para que no se inunde su interior desde la entrada, y está diseñada para soportar desde cualquier tipo de catástrofe natural (incluyendo un maremoto más grande que los ya acontecidos) hasta un bombardeo nuclear.

Al Estado noruego le costó 9 millones de dólares edificarla, y para sus gastos posteriores recibió donativos de organizaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates y los gobiernos de Reino Unido y Australia. Es un acto de preservación de material cultivable que claramente sería preferible no tener que usar jamás, pero que al menos brinda seguridad al saber que existe como respaldo si acaso se lo necesitara.

Aquí se salvaguarda lo necesario para volver a crear plantas arrasadas por algún desastre

Si la agricultura global sufre una crisis por las sequías e inundaciones que se esperan en las próximas décadas, este almacén gigante de 1000 metros cuadrados estará disponible para proteger y recuperar el tipo necesario de semilla para el cultivo que deba reactivarse en cualquier lugar castigado del planeta.

Este fue el caso de Siria, cuando en 2014 debió pedirle diversas muestras de material botánico destruido allá por la guerra civil, que había acabado con el Centro de Investigación Agrícola de los Climas Áridos. Este sitio, que antes de los bombardeos albergaba en Alepo semillas vitales para zonas secas como esa, debió ser reconstruido en Rabat y Beirut (ciudades consideradas más alejadas de los conflictos bélicos del mundo árabe) y luego duplicar allí las muestras tomadas. Finalmente, las devolvió a Svalbard para que fueran guardadas nuevamente.

La guerra civil en Siria puso a prueba la capacidad de la bóveda para cumplir con su función

Las cifras que ha alcanzado la iniciativa son alentadoras. También se la conoce como “el Arca del Siglo XXI” porque lleva almacenadas 930.000 semillas (y tiene una capacidad para preservar 4.5 millones) de 5128 especies diferentes. Estas últimas provienen de 233 países, y cubren la mitad de la diversidad alimentaria del mundo.

Pero esto no significa que toda esa cantidad de Estados haya aportado a la causa, sino que la mayoría de las donaciones provienen de otros bancos similares alrededor del globo, que a su vez reúnen material de varios sitios distintos, solo que estos centros no inspiran la infalibilidad del de Svalbard (enclavado en una zona casi asísmica, protegido por el permafrost -que garantiza la conservación en frío ante un corte de energía- y en las manos de un gobierno noruego en el que confían todos los demás).

El hecho que solo los dueños de las semillas (o sea, quienes las depositaron) puedan acceder a ellas si las reclaman en caso de emergencia y que todo se encuentre sellado al vacío es clave para entender la seguridad y seriedad con la que se lleva a cabo este proyecto, más que nada viendo que ninguno de los otros 1700 bancos genéticos existentes tiene su fama.

La iniciativa ha tenido un relativo éxito desde su creación porque varios políticos la aceptaron

Este proceso, que es parte íntegra de un plan de seguridad alimentaria, también requiere de un trabajo meticuloso. El material entrante, antes de ser envasado, es deshidratado para que no se desgaste en el camino y luego colocado en cajas.

Después es recibido en la entrada de la bóveda por su personal, quien lo guarda al vacío en bolsas de plástico para prolongar su vida útil. Lo analizan con rayos X y finalmente va a las cámaras heladas. Todo esfuerzo es útil a la hora de prepararse para enfrentar el cambio climático, la inoperancia de ciertos gobiernos y las guerras que vendrán en el futuro.

Sobre todo si se tiene en cuenta que ya se habían perdido algunas variedades de cultivos antes de crearse esta instalación para conservarlos. Además, cabe aclarar que garantizar la seguridad alimentaria es vital para ayudar a su vez a propiciar la paz mundial, dado que muchos conflictos entre sociedades de la posteridad tendrán su causa en la falta de comida. Todo esto ha provocado que la mismísima  FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) haya alabado el proyecto.

Las donaciones que llegan en camión son descargadas y guardadas atentamente

Sin embargo, la seguridad que transmite el búnker quedó en duda este año. Luego de una época con temperaturas siete grados más altas que lo normal y el invierno más cálido de la historia ártica, el permafrost que protege la bóveda sufrió en mayo un cierto derretimiento que puso en peligro potencial a su contenido.

Debió bombearse urgentemente el agua que se acumuló en la entrada, se cavaron zanjas para servir como canales de desviación, se quitaron varias fuentes de calor y se impermeabilizó el túnel que lleva a las semillas, que por fortuna no se vieron afectadas.

La seguridad que representa la edificación quedó en duda este año cuando se salvó de una inundación

Ahora se está frente al dilema de que, a fin de cuentas, hasta la capa supuestamente eterna de hielo que recubre el lugar sufre los efectos del calentamiento global. Además, debió pasarse de la idea de una instalación que casi no requería cuidados a necesitar vigilancia las 24 horas del día y medidas extras de seguridad para mitigar riesgos. Esto es porque particularmente en el Ártico y en Svalbard la temperatura promedio está subiendo más rápido que en el resto del mundo.

Está claro que impedir que se pierda la memoria vegetal de la humanidad, y con ella sus chances de comer lo que le dá la tierra, requiere de una planificación gigantesca. Está en cada uno de nosotros atesorar lo que aún queda, y más aún lo que tiene por darnos. La biodiversidad de las semillas mundiales, que representa nada menos que el bienestar de nuestro futuro, no puede estar solamente en manos de un puñado de profesionales y expertos en el tema.

En realidad depende de la colaboración plena de toda la sociedad sobre la faz del planeta, y de la unión de fuerzas para frenar los embates climáticos que se avecinan y que ya están comenzando a afectarnos. Ahorrá energía, cuidá los alimentos, separá residuos, no contamines y, sobre todo, valorá este mundo. Porque ha sido el único capaz de darle vida a la especie humana.

 

FUENTES:
https://www.croptrust.org/our-work/svalbard-global-seed-vault/
https://es.wikipedia.org/wiki/B%C3%B3veda_Global_de_Semillas_de_Svalbard
https://www.clarin.com/mundo/abren-primera-vez-boveda-fin-mundo-guerra-siria_0_HkrIP-tvQe.html
http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/el-arca-de-las-semillas/
http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2017/05/20/59209193268e3ecc4e8b456e.html
http://misionesonline.net/2017/05/21/la-boveda-del-fin-del-mundo-que-preserva-semillas-de-plantas-comestibles-no-aguanta-el-cambio-climatico/
https://elpais.com/elpais/2017/05/20/ciencia/1495301017_963158.html
https://mundo.sputniknews.com/ciencia/201705231069387037-boveda-semillas-agua-apocalipsis-noruega/
http://www.lavanguardia.com/natural/20170526/422948141315/cambio-climatico-amenaza-boveda-fin-del-mundo.html

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