¿Hasta dónde puede llegar el amor de alguien por el modo en que decidió vivir? ¿Cuán extrema puede ser la pasión de una persona por aquello que más anhela hacer y conocer? ¿Qué grandeza puede tener el legado de una mujer que llevó su compromiso con la conservación de una especie y su medio ambiente hasta límites nunca antes vistos? Probablemente, quien mejor pueda responder estas preguntas sea Jane Goodall, quien sacrificó buena parte de su existencia cuando dejó de lado la comodidad urbana y apostó por la investigación de campo en medio de la selva africana. Ella lo hizo todo para saber más sobre el mundo de los chimpancés, pero jamás se imaginó con lo que iba a encontrarse.

Jane Goodall
Goodall se tomó el estudió de los chimpancés con la mayor profesionalidad posible.

Jane Goodall nació en 1934 en Londres, donde desde niña gestó su amor por los animales y por África gracias a un chimpancé de peluche que le había regalado su padre a los dos años y a su lectura de “Tarzán” y “El libro de la selva”, que la hizo fantasear con vivir en un entorno silvestre. Ya a los cuatro años pasó cuatro horas mirando fijamente a una gallina para entender cómo ponían huevos, un vaticinio de su perseverancia profesional.

Eligió cambiar la ciudad por las tierras inhabitadas del continente de sus sueños 23 años después, guiada por sus ansias de viajar a esos paisajes y ser naturalista. Vio su oportunidad y la aprovechó: para ser secretaria en la granja de una amiga, se mudó con ella y su familia a Kenia, donde conoció al arqueólogo y paleontólogo Louis Leakey. Este creía que examinar el comportamiento de los grandes simios ayudaría a entender el de los antecesores del humano, y por eso necesitaba postulantes.

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A pesar de que Goodall no tenía educación universitaria, el entusiasmo enorme que ella mostraba por la idea y su impresionante conocimiento autodidacta de la historia natural lo convencieron de que era la indicada para encargarse de los chimpancés salvajes. En 1958 la mandó de vuelta a Inglaterra a instruirse en primatología, incorporando saberes esenciales sobre la conducta y la anatomía de lo que sería su objeto de estudio. En 1960 ya estaba lista: viajó por primera vez al Parque Nacional Gombe Stream de Tanganyika (actual Tanzania), del cual se convertiría en su habitante más duradera.

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Con 26 años, a la joven y entusiasta investigadora le esperaban varias sorpresas.

Estudiar la conducta natural de los chimpancés en su ambiente nativo requeriría de parte de Goodall el mudarse en principio seis meses a la reserva para convivir con ellos, observarlos diariamente y así sacar conclusiones finales. Con el fin de refugiarse durante la estadía instaló una tienda de campaña de estilo militar en medio de la jungla, donde dormía y pasaba en limpio sus anotaciones y análisis.

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Se despertaba a las cinco de la mañana para monitorear las manadas, y a veces tenía que tener cuidado con los machos agresivos a los que no les agradaban los extraños. Nadie imaginó que se asentaría allí hasta 1986, en un sitio que posteriormente seguiría visitando y por el cual confirmó su profundo amor (a pesar de los escorpiones, arañas y serpientes venenosas que la visitaban dentro de su carpa). Y todos esos años estuvieron más que justificados con lo que descubrió, ya que sus resultados en buena medida revolucionaron lo que se sabía hasta entonces sobre del grado de semejanza entre el comportamiento, la inteligencia, la esencia emocional y los lazos sociales entre el humano y el chimpancé. Para esto fue crucial que Goodall tomara una perspectiva bien cercana a ellos y se insertara dentro de su comunidad como si fuera un integrante más, ganándose de a poco la confianza y hasta el cariño de algunos. Incluso colocó estaciones de alimento para atraerlos hacia ella.

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Una vez asentada en Gombe, Goodall pasaba varias horas por día sentada en lo alto de una colina desde la cual miraba a los animales con binoculares o un telescopio, aunque después se les fue acercando. Su perseverancia, intuición, empatía y capacidad de observación fueron trascendentales, ya que los descubrimientos de la científica devenida en “intrusa amistosa” fueron increíbles para el mundo.

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En primer lugar, adoptó una metodología inusual al darle nombres propios a cada uno de los chimpancés en vez de numerarlos (como se hace tradicionalmente con el fin de evitar apego afectivo con el objeto de estudio), humanizándolos y dándole una perspectiva mucho más sensible hacia ellos. En paralelo con esto último, Goodall apreció que no se comportaban todos de igual manera sino que cada uno tenía su personalidad propia y un temperamento individual que lo distinguía del resto.

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A su vez, detectó emociones bien distinguibles como alegría, ansiedad,  tristeza; y hasta gestos sentimentales que iban de abrazos y cosquillas a palmadas en la espalda, risas y besos. Incluso vio adopciones de crías huérfanas por parte de adultos. Esto evidenció que los chimpancés también consolidan relaciones de cercanía personal y apoyo mutuo en aras de conformar lazos comunitarios, y que sus sociedades son conjuntos complejos que van cambiando a través del paso de generaciones.

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Las capacidades cognitivas de los chimpancés también resultaron sorprendentes, dado que incluso podían forrajear plantas para fabricar rudimentarias herramientas y facilitarse el manejo en su hábitat. Por ejemplo, uno de ellos arrancaba un tallo de pasto y lo metía dentro de un hoyo en la tierra, lo dejaba ahí unos segundos y después lo sacaba cubierto de termitas para comer.

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Otros a su vez removían las hojas de algunas ramas para aumentar su utilidad y cazar insectos más fácilmente. Goodall dio así por tierra con el clásico postulado que decía que solo las personas tienen caracteres distintivos en un grupo, pensamiento racional, emociones y relaciones interpersonales marcadas.

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Los humanos ya no tenían el monopolio intelectual para hacer herramientas. Hasta contempló que los más jóvenes aprendían estos trabajos manuales de los más longevos y experimentados, tenían comportamientos altruistas, tejían alianzas para poder tomar el poder en una manada (con traiciones incluidas), y sabían apreciar la vida y entender la muerte con pena por sus seres queridos.

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Pero no todas las similitudes eran tan positivas y sociales. Al igual que las personas, los chimpancés también adoptaban un carácter violento a la hora de ejercer su dominio sobre otros. Por ejemplo, Goodall vio cómo matan y comen usualmente a otras especies de primates de menor tamaño con técnicas que incluyen el trabajo en equipo para acorralar, cazar y descuartizar a colobos, compartiendo finalmente el cuerpo con los demás integrantes de la manada.

Esto también dijo muchas novedades sobre su alimentación: no solo eran vegetarianos, sino que paralelamente comían insectos y carnes. Y en consonancia con la agresividad nombrada anteriormente, los chimpancés podían ser feroces incluso con integrantes de su propia especie, asesinando algunos de ellos a miembros más jóvenes del mismo grupo para mantener su posición de supremacía frente al resto (actos que hasta podían culminar con canibalismo) y viéndose machos sometiendo sexualmente a hembras.

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Luego de quince años de investigación, Goodall había dejado de creer en el pacifismo en el que aparentemente convivían sus amados simios para pasar a tener una visión más plena y sombría de su espíritu innato. Inclusive presenció guerras intergrupales, como la librada entre 1974 y 1978 que involucró a dos clanes enfrentados luego de la muerte del chimpancé Godi a manos de rivales. Al cabo de tres años, uno de los grupos había aniquilado a todos los machos del otro, y hubo escenas como la de uno de ellos lanzando rocas a la cara de su enemigo, otro bebiendo la sangre de una víctima y otro desollando a un rival. Resultó ser que ellos también tenían pretensiones expansionistas, y no dudaban en asesinar con brutal frialdad para saciarlas.

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Imbuirse tanto en el mundo salvaje no solo la enamoró de los chimpancés, sino que le inyectó un sentimiento conservacionista que sus más de 80 años no han logrado disminuir. En 1977 fundó el Instituto Jane Goodall, con diecinueve oficinas alrededor del planeta que abogan por proteger a los primates que estudió y las selvas donde viven. Hoy en día la organización tiene más de 10 mil grupos en más de 100 países, donde coordina proyectos a través de acciones comunitarias involucrando a los residentes locales (método copiado posteriormente por muchas organizaciones que cuidan la ecología y los pueblos originarios).

Por ejemplo, el Proyecto de Educación y Reforestación de la cuenca del lago Tanganica, que había iniciado su Instituto en 1994, regeneró rápidamente la selva de Gombe hasta darle a sus chimpancés más de tres veces la cantidad de hábitat que les quedaba luego de una reforma agraria que había deforestado los alrededores de la Reserva. Goodall viaja casi a diario por el mundo dando conferencias y concientizando a la población sobre la importancia de la preservación medioambiental.

Jane Goodall

Es una firme opositora al uso de animales para fines investigativos, exhibitorios, recreativos y lucrativos, razón por la cual también es una vegetariana devota. El aprecio que ha cultivado por los animales es gigantesco, y los enuncia como sujetos de derecho que son merecedores del mismo respeto que los humanos. La naturaleza misma le parece una fuerza superior y divina que resiste al azote y se regenera con gran rapidez, aunque el aporte de las comunidades sigue siendo vital para eso.

Jane Goodall
Goodall se convirtió en una apasionada activista por los derechos de los animales y de la conservación de su hábitat

Su visión ambientalista también llega a asuntos más abarcativos de desarrollo sustentable. Para ella, el control del crecimiento poblacional y del consumo hacia niveles sostenibles es clave para evitar un colapso de los recursos naturales y por ende un mal mayor para el planeta. Goodall invita a reflexionar sobre nuestra propia especie y a promover un estilo de vida que no deprede lo que la Tierra nos da. Su misión es empoderar a la ciudadanía para actuar por un mundo más justo, atendiendo en especial a los demás seres que conviven a la par nuestra.

Jane Goodall

Para ello es esencial unirnos en el entendimiento cultural entre todas las comunidades, la economía solidaria con el medio social y ambiental, la agricultura sostenible, becas escolares para educar a la juventud (a la que considera la única capaz de salvar al mundo), la reforestación, el planeamiento familiar, microcréditos (préstamos pequeños a los campesinos pobres), sólidas estructuras sanitarias, pozos para asegurarse agua limpia, el ecoturismo y un comercio justo entre países. Estas son alternativas a la caza furtiva, el tráfico animal, la deforestación, la contaminación y la mala gestión de los bienes naturales. La científica no duda al reflexionar sobre el ser humano: “Si somos la especie más inteligente del planeta, ¿cómo es posible que lo estemos destruyendo?”.

Jane Goodall nos muestra sin dudas lo que puede lograr una persona cuando lleva hasta las últimas consecuencias su compromiso por lo que más anhela. Poco le importó no haber ido a una universidad para tener una base científica erudita ni que en primera instancia la comunidad intelectual ortodoxa despreciara sus descubrimientos, ya que su empuje anímico y perseverancia la impulsaron al lugar y al rol que siempre había soñado.

Jane GoodallDespués de todo, sin una licenciatura previa aun así recibió casi 50 títulos honoríficos, y se convirtió en Mensajera de la Paz de la ONU en 2002 y Dama del Imperio Británico en 2004. La fama nunca la volvió vanidosa. Es más, tuvo que aprender a lidiar con ella fruto de su timidez. Su amor por la naturaleza fue más que suficiente para permitirle adentrarse en un universo que era nuevo para su cuerpo, pero a donde su mente ya había viajado desde muy pequeña. O en sus propias palabras: “Cuando llegué a África por primera vez, sentí que estaba volviendo a casa”.

 

FUENTES:

http://www.janegoodall.org/
http://www.janegoodall.es/es/
http://nytlive.nytimes.com/womenintheworld/2015/10/23/who-will-help-jane-goodall-save-the-world/
https://es.wikipedia.org/wiki/Jane_Goodall
http://www.iflscience.com/editors-blog/how-three-women-known-trimates-revolutionized-field-primatology/
http://www.janegoodall.es/es/biografia.html
http://www.janegoodall.es/es/misionehistoria.html
https://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia-culturas/20150606/281762742870326
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/04/140404_ciencia_jane_goodall_entrevista_np
http://mujeresquehacenlahistoria.blogspot.com.ar/2012/11/siglo-xx-jane-goodall.html
https://www.guioteca.com/medio-ambiente/jane-goodall-la-historia-de-la-primera-ambientalista/
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/goodall.htm
http://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/10-curiosidades-sobre-jane-goodall_9258/9

http://principia.io/2016/05/26/jane-goodall-la-jane-que-debio-elegir-tarzan.IjI4NiI/
https://elpais.com/elpais/2015/06/18/eps/1434644091_246803.htm
https://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/jane-goodall
http://esmateria.com/2014/01/14/el-cruel-asesinato-que-desato-la-primera-guerra-entre-primates-no-humanos-de-la-historia/

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